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La arquitectura se desarrolla en función de necesidades sociales, que aunan a las características climatologicas y a la diversa interpretación del medio a lo largo de la historia. A diferencia de otras ciudades mexicanas importantes en tiempos de la colonia, Acapulco no conserva grandes monumentos ni edificaciones relevantes, a excepción del Fuerte de San Diego. Las razones son muy diversas. Por un lado el hecho, de que fuera un punto de gran importancia pero solamente durante pocos meses del año, es decir, el tiempo que duraba la feria que se organizaba con motivos de la llegada de la Nao de China. Por otro lado se trata de una zona sísmica continuamente activa, además de estar expuesta a ciclones y crecientes de agua. En 1715 fue construida la capilla de Santa Cruz anexa al hospital de San Hipólito y el edificio de la aduana de 1717. En 1732 hubo un gran sismo y en 1754 una insólita creciente de mar que destruyeron gran parte de lo que había En esta época, las construcciones consistían básicamente en casas con muro de tabique y techo de teja, que con el fin del lograr una mayor frescura, se prolongaban en aleros sobre la calle, chozas hechas con paredes de adobe y cubiertas con hojas de palma y otras edificaciones precarias. Sólo destacaban el Fuerte de San Diego, en donde vivía el alcalde mayor, el hospital y la capilla de San José. Con el triunfo de la República, después de la intervención francesa la iglesia y el convento de San Francisco fueron municipalizados. Se demolió el convento y con estos materiales se construyó el Ayuntamiento y se reparó el hospital. Acapulco esta dividido en barrios- que recuerdan los calpullis- y cuentan con un alta densidad de población normalmente sin espacios abiertos. Cada barrio tenia ciertos rasgos distintivos como los colores que usaban para pintar sus muros, el tipo de celosías, ventaneria u otros elementos. Se mantuvo el esquema de composición que se basa en plantas rectangulares, con espacios unitarios y con pórticos longitudinales. En 1904 se construyo la primera obra de dos niveles en la avenida Cuauhtémoc. En esta casa se utilizo una estructura de hierro colado diseñada por el ingeniero francés George Eiffel y enviada a México por barco desde Hamburgo. En 1931 el arquitecto Carlos Contreras realizo la planificación del puerto de Acapulco, en la que proponía una vialidad que uniera la carretera procedente de México con el centro de la ciudad. En 1933 Carlos Barnard construyó la primera sección del hotel El Mirador, que constaba de doce cabañas colocadas sobre los acantilados. Seis años más tarde, el arquitecto Carlos Lazo proyecto el hotel La Marina, con la idea de conservar el sistema de ventilación natural del sitio, disponiendo el eje mayor del conjunto en dirección de los vientos dominantes. También buscó revalorar las terrazas y los pórticos que formaban parte de las viviendas populares y utilizo en la obra celosías y ventanerias de madera. A principios de los cuarentas, había diferentes tendencias en la construcción. Por un lado la nacionalista que pretendía conservar los valores plásticos, pero usando los materiales de vanguardia. Una más se adhería a los valores postulados por la escuela de la Bauhaus y , por ultimo estaba surgiendo la corriente de Luís Barragán que buscaba conceptos, materiales y colores más vinculados con la manera de ser de los mexicanos. En 1950 el arquitecto Mario Pani se encargo de la comisión de planificación regional de Acapulco con la finalidad de regular el uso del suelo y las expansiones de la ciudad. Se pretendía determinar las diferentes zonas: la turística junto a la bahía, la marítima e industrial en Puerto Marqués y en la Laguna Negra, y pesca y agricultura a la orilla de la Laguna de Coyuca. Se empezó a construir en los fraccionamientos Club Deportivo, Mozimba, Vista Alegre, Hornos y Las Brisas entre otros. El mar era el remate visual y estaba enmarcado por terrazas, por pórticos o por otros elementos generalmente cubiertos. El clima influyo para que la arquitectura moderna estuviera orientada a una mayor convivencia con la naturaleza Originalmente las casas tenían techos de dos aguas recubiertos con teja. Los muros eran aplanados y pintados de blanco o de tonos pastel. Los pisos eran de cemento pulido o de mosaico de pasta y las ventanas se resolvían con celosías o con hojas móviles- normalmente de madera para poder dar libre paso al viento y lograr mayor frescura. Un elemento muy común en los jardines eran las pérgolas, cubiertas con enredadera: y las albercas se integraban a la conformación natural del terreno. En 1951 el arquitecto Frank Lloyd Wright proyecto una casa en Las Brisas que no llego a construirse nunca, pero en su diseño, el maestro de la arquitectura orgánica demostró que la cultura local y las cualidades del paisaje son dos elementos que deben ser incorporados a la arquitectura contemporánea. El arquitecto Jorge Madrigal se encargo de la construcción de la primera etapa del hotel Las Brisas, buscando integrar arquitectura y paisaje. Todas las habitaciones, que son de un solo nivel, se ajustan a la topografía del terreno. En el hotel Elcano, construido por el arquitecto Imanol Ondorica y remodelado recientemente por el arquitecto Ramiro Alatorre, se nota la misma preocupación de integrar el paisaje a todas las habitaciones. Lo mismo sucede en el hotel El Presidente. Llamo mucho la atención el esquema que utilizo el arquitecto Juan Sordo Madaleno que dispuso el eje mayor de la composición en línea perpendicular al mar. De esa forma, por medio de un pasillo central, logro que las habitaciones de ambos lados tuvieran una magnifica vista. En el hotel Boca Chica el maestro Francisco Eppens realizo un mural de mosaico veneciano siguiendo el gusto por la integración plástica a la arquitectura de los años cincuenta. De la misma forma, en el cerro. La Pinzona, Diego Rivera hizo un mural en su casa El Club de Yates fue fundado por Jaime Schondube, Carlos Bernard, lod Hudson y los Yturbe y construido por Mario Pani y Enrique del Moral a mediados de los años cincuenta. El Templo de la Soledad, que fue elevada al rango de Catedral en enero de 1959 con la asistencia del Cardenal José Garibi Rivera y el delegado apostólico Luigi. Muchas casas que han dado renombre internacional a Acapulco, se encuentran en el Fraccionamiento Las Brisas. Algunas tienen un estilo mediterráneo, otra árabe, algunas otras son del tipo polinesio, en fin, los motivos de inspiración son múltiples. El arquitecto Ricardo Rojas ha construido docenas de casas en este fraccionamiento. El describe el estilo Las Brisas más que como un estilo arquitectónico como un estilo de vida. Este estilo es el antecedente de lo actualmente se conoce como el estilo Pacifico Mexicano con la diferencia de que responde a las necesidades de una vida social más activa. Otro renglón que también vale la pena destacar dentro de la arquitectura en Acapulco, además de casas, hoteles y edificios de departamentos, es el de los restaurantes y discotecas, actualmente convertidos en elementos significativos de las perspectivas urbanas. Mención especial merece también la arquitectura del paisaje, que debido a la frondosidad de la vegetación y a la variedad tan enorme que existe, ha permitido todas las posibilidades imaginables. La arquitectura no se concibe ya aisladamente, si no que siempre se proyecta con finalidad de relacionarla con el medio natural. Los espacios interiores y los exteriores se funden con la jardinería, y en medio el agua, ya sea en forma de alberca, estanque o cascada para aumentar la sensación de frescura Acapulco esta dividido en lo que se conoce como el Acapulco Tradicional que fue la primera parte que se desarrollo, el Acapulco dorado que abarca la mayor parte de la zona hotelera y por ultimo el Acapulco Diamante, la parte que se esta desarrollando actualmente. El hotel más reciente es el Mayan Palace de Vidafel que cuenta con una espectacular arquitectura y con la alberca más grande. Esta nueva zona de Acapulco tiene una topografía muy diferente y por lo tanto, la arquitectura se plantea con bases distintas. Las nuevas casa de Tres Vidas están sobre la playa, a la orilla del mar. Arquitectos de gran renombre como Mario Pani, Jorge Madrigal, Enrique del Moral, Carlos Lazo, Juan Andrew Almazán, Juan Sordo Madaleno, Diego Villaseñor, Marco Aidaco, Ricardo Rojas, Ricardo Legorreta, Ramiro Alatorre, Jaime Crofton, Francisco Artigas, Vicente Monroy, Imanol Ordica, José Wiechers, entre muchos otros han dejado evidencia de la gran arquitectura mexicana. Su libertad formal, su flexibilidad y su búsqueda de la mejor forma de relacionar la naturaleza con la arquitectura han enriquecido y humanizado ambas.
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